Leyendo algunos artículos sobre los vinos, mi mente comenzó a viajar por las tierras vinícolas, recordando su historia, su desarrollo, su belleza y para aliviar en algo la añoranza de mi estadía por esos lugares, los hago partícipes de estas reflexiones.

Fascinado por el vino

Desde que al fruto de la vid, las uvas, se le extrajo por primera vez su jugo y por procesos misteriosos y divinos se obtuvo el vino, este no ha dejado de seducirnos hasta nuestros días, acompañándonos desde las celebraciones de nacimientos hasta la muerte y más allá.

Casi tan antiguo como la humanidad, el vino ha acompañando la historia de los hombres y mujeres de gran parte del planeta. El vino sigue estando Íntimamente unido a las labores que permitieron la evolución misma del hombre y la mujer.

Por medio del trabajo agrícola, de la vendimia o cosecha, de la selección de las uvas y de los depósitos para su añejamiento, se ha logrado producir, en milenios, el líquido que hasta los antiguos dioses preferían.

¿Qué nos fascina del vino?

Para contestar esta pregunta hubiera que hacer una encuesta que permita reflejar las experiencias de cientos de millones de personas que acompañan sus vidas con una copa de vino.

Pero una prueba más acertada, y pasional, sería describir los placeres que el vino ofrece, que el vino regala a sus consumidores y que explica, en parte, por qué tantos hombres y mujeres caen rendidos ante su majestad el vino.

El vino va conquistando a las personas con su color, mostrándole sus diferentes tonos desde el tinto oscuro, como el cielo durante la noche, a los rosados tiernos y transparentes, o los blancos elegantes, con esa tonalidad de oro muy claro.

El olor del vino es identificable por todos. No sólo los expertos o las narices privilegiadas pueden detectar que una botella de vino ha sido descorchada o que en la cercanía un grupo de amigos celebran brindando con una copa de vino.

El sabor se detecta al primer sorbo. El paladar se apoya en el olfato cuando tomamos o degustamos un vino y así logramos identificar sus sabores y bouquet por los vapores que éste desprende dentro de la boca.

De esta forma caemos fascinados ante su majestad el vino con los ojos, la nariz y el paladar, que unidos causan el placer y la satisfacción de acompañar cenas, encuentros familiares y amistosos o brindar en las bodas con una buena copa de vino.

El vino y su universalización

El vino es símbolo cultural y nacional de muchas regiones del planeta. Si bien su descubrimiento comenzó en tierras de la actual Europa y parte del Oriente medio, hoy en día se siembra y comercializa en todos los continentes.

A lo largo de los siglos, los vinos han ido evolucionando, diversas culturas, lo han cuidado, desarrollado y establecido como algo inseparable de su identidad y de su vida diaria.

La vid, se adapta con relativa facilidad a diversos terrenos, suelos, altitudes y climas resultando el nacimiento de vinos muy variados y muy atractivos, lo que nos brinda la posibilidad de poder disfrutar de vinos de diferentes sabores, influenciados por las características de las regiones geográficas donde se cosecha y elabora.

El vino, este Rey sin corona, tiene mucho que contar y que mostrar, anímate a continuar leyendo y a adentrarte en  el mundo de la enología, seguro que lo disfrutarás.

 

Fuente: El Gran Catador

 

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