¿Quién prueba primero?

 

Así como en el restaurante hay una persona que se encarga de degustar el vino, en casa es el anfitrión el que debe servirse en primer lugar. Esta costumbre nace de la posibilidad de que una pequeña rotura en la apertura desprenda minúsculos restos de corcho mientras se sirve la primera copa.

 

En el restaurante, el camarero o sommelier consulta en la mesa quién elige el vino, y entonces presenta la carta.

 

 

La misma persona probará el vino por primera vez si en el restaurante no está establecido que lo huela el sommelier en un catavinos; esta práctica le proporciona al comensal la tranquilidad de beber un vino sin defectos. Acto seguido, se sirve siempre por derecha en el sentido que van las agujas del reloj, sirviendo por último a quien degustó.

 

 

Si se pide una segunda botella del mismo vino, se le presenta una nueva copa para degustar y una vez aprobado se completan las copas del resto. Si se trata de una etiqueta nueva, deben agregarse copas a la derecha de la precedente para repetir el proceso.

 

 

Nunca deberían retirarse las copas, aunque algunas estén vacías, hasta que los comensales partan o lo soliciten expresamente.

 

 

Volviendo al uso doméstico, cambiar de vino, siempre que sea el mismo estilo (espumantes, tintos u otros), es una gran oportunidad y no exige el recambio de copas.

 

 

Tanto en restaurantes como en las casas, siempre hay una suerte de anfitrión a cargo, que vela por ofrecer lo mejor a sus invitados.

 

 

Por Marina Beltrame  | Para LA NACION

 

 

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