¿Qué tomamos los argentinos?

Nadie puede negar que la oferta de vinos en el país cambió. Para mejor dirá la mayoría mientras los fanáticos del vino celebran la diversidad de estilos y la variedad tanto de etiquetas como bodegas. Pero lo cierto es que las tendencias a veces no se traducen en el mercado donde las preferencias locales parecen no haber cambiado tanto.

¿Blend o varietal?

Nuestro país tiene una larga tradición vínica cuyas bases las fundaron los inmigrantes europeos que sembraron el hábito por el consumo de la más noble de las bebidas.

Fue así que a fines del siglo XIX Argentina ya contaba con una industria vitivinícola pujante y un estilo de vinos que no tardaría en hacerse famoso.

Aquellos primeros vinos generalmente eran elaborados con más de una variedad, es decir a partir de un corte, que muchas veces respondía al estilo europeo según el origen de los productores o bien a la disponibilidad de cepas en cada viñedo.

Fue así que durante más de un siglo este fue el estilo de vinos preferido por los argentinos. Básicamente eran cortes de Cabernet con Malbec, al que a veces se le sumaba Merlot y Bonarda. Incluso algunas primeras versiones permitían cepas criollas.

Pero a partir de la década de los ’90, un concepto comenzaría a sonar fuerte en la industria, el de los vinos varietales, es decir, aquellos elaborados mayoritariamente por una cepa.

Ante esto la góndola se inundó de varietales de Malbec, Cabernet y todos sus secuaces hasta imponerse como la tendencia del momento. Pero para sorpresa de muchos fue recién en 2010 que los argentinos llegaron a consumir iguales partes de vinos de corte y varietales, siendo aun superior la preferencia por los primeros.

Hoy con algunas variedades bien instaladas la industria comienza a recorrer nuevamente el camino de los blends, básicamente a la hora de los tintos donde nuestro país más se luce.

¿Malbec o Cabernet, cuál es el Rey?

Si analizamos el período que va del 2005 a la actualidad, el verdadero rey lógicamente es el Malbec, impulsado por el fuerte apoyo de la industria que lo adoptó como el gran abanderado local. Pero hasta hace una década era el Cabernet Sauvignon el preferido de los argentinos, siendo hoy el segundo del ranking mientras le pisa los talones al Malbec.

Juntos, Malbec y Cabernet Sauvignon, suman algo así como el 45% de las preferencias del mercado a la hora de los tintos, un número por demás contundente que es acompañado por una industria que comprende que ahí esta la demanda.

Entonces, ¿quién es el príncipe?

Detrás de los blends y los varietales de Malbec y Cabernet, son varias las cepas tintas que buscan destacarse. En primer lugar debemos mencionar a la Bonarda que durante gran parte del último siglo supo ser la cepa más plantada del país con destino básicamente a vinos de corte pero que ya ha demostrado su potencial como varietal. La calidad de esta cepa cuando se la cultiva con los cuidados pertinentes le valió el mote de sucesora del Malbec, algo que aun está por verse.

El Syrah siempre ha sido otro favorito aunque la cantidad disponible en el mercado no sea tan considerable. Igualmente muchos enólogos le apuestan fuerte y desde algunas regiones específicas llegan algunos realmente deliciosos.

Por su parte el Merlot ha conocido tiempos mejores. Considerada una de las cepas más nobles durante décadas, hoy enfrenta un momento complicado ya que muchos prefieren reemplazarla por Malbec. Por suerte otros deciden mantenerla en pie o buscarle mejores terruños y así es que surgen algunos exponentes fantásticos.

Luego podemos hablar del Pinot Noir, una cepa amante del frío que en algunas zonas argentinas da resultados notables, mientras la gran producción se destina a la elaboración de espumosos. De este modo cuesta encontrar etiquetas de Pinot Noir en abundancia pero cabe destacar que los pocos disponibles suelen brindar una calidad notable.

Cepas como el Tempranillo y el Sangiovese han experimentado su momento de gloria pero increíblemente a pesar de ser tan tradicionales en países como España e Italia hoy son cada vez más difíciles de encontrar, aunque ideales para la gastronomía local.

Finalmente podríamos mencionar al Cabernet Franc, el Petit Verdot y el Tannat como las tintas que esperan ser descubiertas por el consumidor pero la realidad es que a pesar que cada año se obtienen mejores resultados, la industria las destina para sus vinos de corte debido a sus atributos que ayudan a definir el estilo de grandes vinos. Mientras tanto se pueden encontrar algunas versiones varietales que dan cuenta del potencial de estas tres cepas por estas latitudes.

Y con los blancos…

Aquí se presenta un fenómeno similar al de los tintos; los argentinos prefieren los blancos de corte y si tienen Chardonnay mucho mejor.

Esto hace pensar respecto del momento del Torrontés -nuestra cepa blanca más representativa y que más ha crecido en los últimos años- junto con el Chardonnay -esta cepa tan vinculada a nuestra historia- que dominan las preferencias por varios cuerpos de distancia del resto.

En el segundo pelotón entrarían el Sauvignon Blanc, bastante popular por estos días, el Viognier que cada año se acomoda mejor y el Semillón, un preferido que nunca desilusiona a quienes lo eligen.

 

Fuente: Alejandro Iglesias, sommelier AAS*. – Club BonVivir

 

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